septiembre 19, 2018

Comunicación entre padres e hijos

La comunicación es la base de las relaciones sociales. A través de ella, establecemos contacto, expresamos nuestros sentimientos o pensamientos, y recibimos apoyo y comprensión. En todos los ámbitos, las relaciones de confianza son necesarias para construir una buena base para una relación sana. La familia, en este sentido, no es diferente.

Los hijos y los padres tienen que sentirse tranquilos, deben aprender a hablar y conseguir un marco de confianza en el que expresar sus ideas, sus elecciones y sus sentimientos. Las personas en las que hayamos consuelo, deben ser siempre aquellas que nos quieren de manera incondicional y cuyo consejo irá siempre orientado al beneficio del que busca ayuda.

Este escenario positivo y lleno de calma, deben generarlo los padres desde el principio de la relación con su hijo, por pequeñosque sean los niños.

Hay ciertas cosas que son importantes y que un padre debe transmitir:

La opinión del niño es importante

Si tomamos en consideración el criterio de los niños generaremos en ellos autoestima y autoconfianza para que en situaciones futuras reconozcan su opinión como importante. Además les estamos enseñando a respetar las ideas de otros aunque no estemos de acuerdo con ellas.

Expresar los sentimientos es positivo

El desarrollo de la inteligencia emocional es una asignatura pendiente para todos. Los miedos o las frustraciones vienen muchas veces derivados de la incapacidad de tramitar las emociones. Por eso, demostrando siempre a los niños que es importante que se expresen, les ayudamos a digerir sus emociones tanto positivas como negativas.

Los niños deben tomar decisiones

Dentro de la responsabilidad que ellos tienen dentro de la casa, como puede ser la decoración de su cuarto, el plan del sábado por la mañana, o la película que ver el viernes.. Deben aprender a decidir. Reflexionar sobre el dilema que se les presenta y elegir una de las opciones llevándola a acabo hasta el final es una actitud muy madura que no realizan si nadie se lo plantea. Esto implica responder ante sus actos y canalizar la tensión que les supone la posibilidad de tomar una decisión equivocada. Desde pequeños deben enfrentarse a estas situaciones. Algún día formarán grupos de trabajo, de deporte, tendrán que elegir asignaturas optativas o una profesión futura. Cuanto antes aprendan a tomar decisiones, más difícil será equivocarse.

No se debe infravalorar a los niños, son pequeños, pero sabios. Desarrollemos esa sabiduría desde el inicio y conseguiremos que sean grandes personas.

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