Importancia del cambio en la educación después del Coronavirus

Importancia del cambio en la educación después del Coronavirus

Vivimos en un momento de incertidumbre. Todos ponemos el énfasis en la salud, por supuesto es lo que urge, inmediatamente después en la economía, obviamente es lo que sostiene el mundo. Pero cuando ya nos hemos preguntado esto: ¿qué hacemos con los niños?

“Deben recuperar el tiempo perdido”; “Deben avanzar con el temario”; “No todos tienen condiciones para seguir con la actividad escolar desde casa”; “Están agobiados”; “Se aburren sin deberes”.

Las respuestas son múltiples. Es positivo que los niños se aburran, desarrollan la imaginación; es bueno que tengan rutinas en la cuarentena, mantienen un equilibrio mental; también lo es que dediquen tiempo a estudiar; y por supuesto que dediquen tiempo a hacer tareas de casa y entiendan la responsabilidad y la colaboración. Todo siempre en su justa medida y con flexibilidad. Cada uno conoce los tiempos y ritmos de sus hijos. Adaptémonos a ellos.

Parece sencillo. Bien, es lo que desde la pedagogía le pedimos a la escuela.

El mundo se obsesiona con regirse por lo normal, elige un estándar y a partir de ahí juzga lo bueno y lo malo. Ocurre a todos los niveles, en cada habilidad que nos compone, excepto en aquellas que nos conmueven, no ponemos nota a una obra de arte. Toma como referencia aquellos aspectos que pueden medirse y cuantificarse como los pilares, y entiende como competencia válida en una persona su aptitud para el análisis de datos, sean estos cuales sean.

Matemáticas, lengua, ciencias o idiomas, tienen contenidos cuantificables, por eso son importantes. Música, arte o educación física, requieren de aptitudes personales difíciles de cuantificar, y por lo tanto quedan relegadas a un segundo o incluso tercer plano dentro de la sociedad, y por lo tanto de las aulas, donde lo importante es “aprobar con nota mates y lengua”, que es lo que “ te llevará al éxito”.

La nota de arte no es referencial porque entendemos que cada niño tiene y desarrolla esta habilidad de manera muy personal y por lo tanto, al ser difícil de medir, carece de relevancia. No es mala la reflexión, pero está mal enfocada. La expresión artística de cada uno debe ser buena en sí misma, porque la calidad de los sentimientos no se mide, se disfruta. Lo mismo debería ocurrir con el resto.

Parece que gran parte de la sociedad, debido a este confinamiento obligado, está comenzando a ver la luz, y entendiendo la esencia real del ser humano. Ahora que lo que sobra es el tiempo y lo que importa es el equilibrio mental de todos, llenamos los espacios con música, letras y movimiento físico. Las tablas de multiplicar no salvan nuestra salud emocional, una alegoría a la resistencia en forma de canción, sí.

Esto no es sino una reflexión para invitarnos a pensar en el lugar que ocupan nuestras prioridades, por si hubiera que reestructurar la pirámide. Empezando por los expertos en educación que toman las decisiones del futuro, los niños.

Puede que sea el momento del cambio, de entender que la educación de una persona pasa por comprender su biología, sus anhelos y su propia existencia. 

La escuela, lejos de ser una fábrica de conceptos, es un lugar de conocimiento y reflexión.

Un espacio donde aquellos que acuden tienen la suerte de descubrir el mundo, y no de sentarse sólo a escuchar. Los niños no están ni quieren estar preparados para eso, es aburrido e inútil. Han de aprender también a entender y amar el mundo que les rodea, para conocer sus necesidades y así paliarlas. Que la naturaleza nos cuida si nosotros la cuidamos a ella, y que no lo estábamos haciendo.

Cuando paramos el mundo, creamos.

Dibujos, música, juegos, coreografías… si para que todo esto surja, lo único que necesitamos es tiempo, ¿por qué no le damos esa importancia al arte en la escuela?

Puede que la clave no sea la velocidad ni las notas, ni la cantidad de temario que somos capaces de memorizar. Puede que nos estemos dejando lo importante.

Encajamos la educación en un sistema obsoleto que ha funcionado para otras generaciones con otros contextos, pero no podemos seguir con un modelo tradicional en un mundo de cambios constantes que da pasos de gigante hacia el desarrollo.

Utilizar tabletas y pizarras digitales en clases magistrales impartidas por dinosaurios negados a cambiar de metodología, es querer meter con calzador los videojuegos más punteros a través de consolas viejas y desfasadas en televisores obsoletos. Estás perdiéndote los gráficos, el videojuego va lento y lo hace prácticamente injugable… 

pierdes la atención y el interés del usuario
¿Te suena?

El mundo cambia. La gastronomía se hace más exigente, la moda es transgresora y el arte vanguardista... la tecnología nos despierta cada día con aplicaciones y aplicaciones nuevas.

¿Cuándo vamos a exigir ese avance a la educación?

Muchos creen que esta pandemia ha venido para introducir un cambio en el paradigma, en la vida tal y como la entendíamos antes de conocer la existencia de Wuhan. Pues bien, con todas las cartas sobre la mesa y ya sabiendo que la vida no será igual que antes, cambiemos de verdad la base de nuestro futuro, lo más valioso que podemos ofrecer a nuestros niños, su educación.

#opinión#editorial#coronavirus
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